

El vínculo con el arte comenzó desde muy chico. Dibujar, crear y experimentar fueron siempre parte de lo cotidiano, en un entorno familiar que acompañó y alentó permanentemente ese impulso creativo. El apoyo de mis padres fue clave para entender al arte no solo como una expresión personal, sino como un camino posible.
La formación escolar reforzó esa base: la escuela a la que asistí tenía orientación en arte, diseño y comunicación, lo que permitió desarrollar una mirada visual desde temprano y consolidar el interés por el lenguaje gráfico como forma de pensamiento y expresión.
Más adelante, ese recorrido se formalizó con la carrera de Diseño Gráfico en Nueva Escuela, donde profundicé en los aspectos conceptuales, técnicos y estratégicos del diseño. Allí se terminó de definir una manera de trabajar que integra método y exploración, estructura y libertad, diseño y arte como partes de un mismo proceso creativo.

